Parashá Bereshit: El Comienzo de Todo – Creación, Elección y Consecuencia

Parashá Bereshit: El Comienzo de Todo – Creación, Elección y Consecuencia

Parashá Bereshit: El Comienzo de Todo – Creación, Elección y Consecuencia

Introducción: La semana pasada terminamos la lectura de la Torá y celebramos Simjat Torá, marcando el cierre del ciclo anual con los últimos versículos de Devarim (Deuteronomio). Ahora volvemos al principio, con la Parashá Bereshit. Al ser la primera parashá, no hay una historia previa que resumir, pero es la base de todo lo que sigue en la Torá. Aquí se relata la creación del mundo, los primeros seres humanos y los relatos iniciales de la humanidad.

La Parashá en palabras sencillas: Al principio, Dios creó los cielos y la tierra. La tierra estaba vacía y en tinieblas, y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Dios dijo: "Que haya luz", y hubo luz. Dios vio que la luz era buena y la separó de la oscuridad, llamando a la luz "día" y a la oscuridad "noche". Ese fue el primer día. En el segundo día, Dios hizo una separación en medio de las aguas, dividiendo las aguas de arriba de las de abajo, y llamó a ese espacio "cielo". En el tercer día, Dios reunió las aguas bajo el cielo en un solo lugar, permitiendo que apareciera la tierra seca, llamando a la tierra seca "tierra" y a las aguas reunidas "mares". Dios vio que era bueno. Luego Dios dijo: "Que la tierra produzca plantas, hierbas y árboles frutales", y así fue. Dios vio que era bueno. En el cuarto día, Dios creó el sol, la luna y las estrellas para iluminar la tierra, separar el día de la noche y marcar las estaciones, los días y los años. Dios vio que era bueno. En el quinto día, Dios creó los seres del mar y las aves del cielo, y les dijo que se multiplicaran. Dios vio que era bueno. En el sexto día, Dios hizo los animales terrestres: ganado, criaturas que se arrastran y bestias salvajes. Dios vio que era bueno. Entonces Dios dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Dios creó al hombre y a la mujer, los bendijo y les dijo que llenaran la tierra y dominaran sobre los peces, las aves y los animales. Les dio todas las plantas y árboles frutales como alimento, y a los animales, toda planta verde. Dios vio todo lo que había hecho, y era muy bueno. Ese fue el sexto día. En el séptimo día, Dios terminó su obra y descansó, bendiciendo y santificando ese día.

Estos son los detalles de la creación de los cielos y la tierra. Antes de que crecieran las plantas y cayera la lluvia, Dios formó al hombre del polvo de la tierra y le dio aliento de vida. Dios plantó un jardín en Edén y puso allí al hombre. En el jardín, Dios hizo crecer todo árbol hermoso y bueno, incluyendo el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Un río salía de Edén para regar el jardín y se dividía en cuatro: Pisón, Guijón, Tigris y Éufrates. Dios puso al hombre en el jardín para que lo trabajara y lo cuidara, y le ordenó: "Puedes comer de todos los árboles, menos del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, porque si comes de él, morirás". Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo, así que formó a todos los animales y aves y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Pero ninguno fue una pareja adecuada. Entonces Dios hizo que el hombre cayera en un sueño profundo, tomó una de sus costillas y formó con ella a la mujer. El hombre dijo: "Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne; será llamada mujer porque fue tomada del hombre". La Torá dice que el hombre deja a sus padres y se une a su esposa, y se convierten en una sola carne. Ambos estaban desnudos y no sentían vergüenza.

La serpiente, el animal más astuto, habló con la mujer y le preguntó si Dios realmente les había prohibido comer de todos los árboles. La mujer respondió que podían comer de todos menos del Árbol del Conocimiento, y que si lo tocaban o comían de él, morirían. La serpiente le dijo que no morirían, sino que serían como Dios, conociendo el bien y el mal. La mujer vio que el árbol era bueno para comer y hermoso, así que tomó de su fruto y comió, y le dio también a su esposo, que comió. Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos, por lo que se hicieron ropas con hojas de higuera. Oyeron a Dios paseando por el jardín y se escondieron. Dios llamó al hombre, quien dijo que tuvo miedo porque estaba desnudo. Dios le preguntó si había comido del árbol prohibido. El hombre culpó a la mujer, y la mujer culpó a la serpiente. Dios maldijo a la serpiente a arrastrarse y ser odiada por la humanidad. A la mujer le dijo que tendría dolor al dar a luz y que desearía a su esposo, quien la dominaría. Al hombre le dijo que la tierra estaría maldita y que tendría que trabajar duro para obtener alimento hasta morir y volver al polvo. Dios les hizo túnicas de piel y los expulsó del jardín, poniendo ángeles y una espada de fuego para cuidar el camino al Árbol de la Vida.

Adán y Javá tuvieron dos hijos, Caín y Abel. Abel fue pastor y Caín agricultor. Caín ofreció a Dios frutos de la tierra, y Abel ofreció lo mejor de su rebaño. Dios aceptó la ofrenda de Abel, pero no la de Caín. Caín se enojó, y Dios le dijo que si hacía el bien sería aceptado, pero si no, el pecado lo acechaba. Caín habló con Abel y lo mató en el campo. Dios le preguntó a Caín dónde estaba Abel, y Caín respondió: "¿Acaso soy el guardián de mi hermano?" Dios le dijo que la sangre de Abel clamaba desde la tierra y lo maldijo a ser errante. Caín se quejó de que el castigo era demasiado grande, así que Dios le puso una señal para que nadie lo matara. Caín se fue a vivir a la tierra de Nod, al este de Edén. Tuvo hijos, y sus descendientes construyeron ciudades, fabricaron herramientas y crearon música. Adán y Javá tuvieron otro hijo, Shet, y la gente comenzó a invocar el nombre de Dios. La Torá enumera los descendientes de Adán hasta Noaj, contando cómo vivieron muchos años y tuvieron muchos hijos. El mundo se corrompió y la gente actuó con maldad. Dios lamentó haber creado a los humanos y decidió destruirlos, pero Noaj halló gracia ante Dios.

Idea de la Parashá: Una de las ideas más profundas de esta parashá es el libre albedrío y la responsabilidad. Incluso en la primera historia de la humanidad, vemos que las personas reciben la capacidad de elegir y deben afrontar las consecuencias de sus actos. Adán y Javá reciben la advertencia de no comer del Árbol del Conocimiento, pero deciden hacerlo y deben abandonar el jardín. Caín es advertido de que puede dominar su enojo, pero elige matar a su hermano. La Torá enseña que, aunque las personas fueron creadas a imagen de Dios y tienen un gran potencial, también son responsables de sus acciones. Esta idea es la base de todo el pensamiento judío: cada persona puede elegir entre el bien y el mal, y nuestras decisiones moldean nuestra vida y el mundo que nos rodea.
Creado por Rabino Ari (IA)