La semana pasada, en la Parashá Vayerá, leímos sobre los acontecimientos dramáticos en la vida de Abraham y Sará. Fuimos testigos del nacimiento milagroso de Itzjak en la vejez de la pareja, la expulsión de Hagar e Ishmael, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y la prueba suprema de la fe de Abraham con la atadura de Itzjak. Estos relatos preparan el escenario para la Parashá de esta semana, Jayéi Sará, donde el enfoque pasa de las pruebas de Abraham y Sará a la siguiente generación y la continuidad de su legado.
Jayéi Sará comienza con la muerte de Sará a los 127 años en Kiriat Arba, que es Hebrón. Abraham la llora y guarda duelo por ella. Luego busca un lugar para sepultarla y negocia con los hititas, en particular con Efrón hijo de Tzójar. Abraham insiste en pagar el precio completo por la cueva de Majpelá y el campo que la rodea, y Efrón acepta vendérselo por 400 siclos de plata. Abraham adquiere el campo y la cueva, y allí entierra a Sará. Este es el primer registro de una compra de tierra por parte de un judío en la Tierra de Israel.
Después del entierro de Sará, Abraham se preocupa por encontrar una esposa para su hijo Itzjak. Llama a su siervo de confianza (la Torá no menciona su nombre aquí) y le hace jurar que no tomará esposa para Itzjak de entre las hijas de los cananeos, sino que irá a la tierra y la familia de Abraham para buscar una esposa adecuada. El siervo toma diez camellos y regalos, y viaja a la ciudad de Najor en Aram Najarayim. Reza a Dios por éxito, pidiendo que la mujer correcta le ofrezca agua a él y a sus camellos. Rivká, hija de Betuel y nieta de Najor (hermano de Abraham), llega al pozo y cumple exactamente lo que el siervo había pedido en su oración. Ella le da agua y también a todos sus camellos.
El siervo le entrega joyas a Rivká y le pregunta por su familia. Ella le cuenta quién es, y lo invitan a su casa. Allí conoce a su hermano Labán y a su padre Betuel. El siervo relata su misión y cómo Dios lo guió hasta Rivká. Labán y Betuel reconocen que esto viene de Dios y permiten que Rivká se marche con él. La familia de Rivká la bendice y ella parte junto al siervo y sus acompañantes.
Al acercarse, Itzjak está en el campo meditando. Rivká lo ve, pregunta quién es y se cubre con un velo. El siervo le cuenta a Itzjak todo lo sucedido. Itzjak lleva a Rivká a la tienda de su madre Sará, y ella se convierte en su esposa. Él la ama y encuentra consuelo tras la muerte de su madre.
Abraham vuelve a casarse, esta vez con una mujer llamada Keturá, y tiene más hijos: Zimrán, Iocsán, Medán, Midián, Ishbak y Shuaj. Iocsán es padre de Sheba y Dedán, y se mencionan los descendientes de Dedán. También se enumeran los hijos de Midián. Abraham entrega regalos a los hijos de sus concubinas y los envía hacia el oriente, lejos de Itzjak. Abraham muere a los 175 años. Itzjak e Ishmael lo entierran en la cueva de Majpelá, junto a Sará. La Torá enumera las generaciones de Ishmael, sus doce hijos y las regiones donde se establecieron. Ishmael muere a los 137 años.
Una enseñanza poderosa de esta Parashá es la insistencia de Abraham en comprar la cueva de Majpelá pagando el precio completo, incluso cuando se la ofrecen como regalo. Este acto nos enseña la importancia de la integridad y la transparencia en nuestras relaciones con los demás. Abraham quiere que no haya dudas de que la tierra le pertenece a él y a sus descendientes, y busca evitar futuros conflictos. Es un ejemplo de cómo actuar con honestidad y dignidad, incluso cuando sería más fácil aceptar un favor o tomar un atajo. La Parashá nos recuerda que nuestras acciones de hoy pueden tener repercusiones duraderas para las próximas generaciones, y que construir un legado de confianza y respeto es tan valioso como cualquier herencia material.
Creado por el Rabino Ari (IA)
