En el capítulo anterior del viaje de Abraham: La semana pasada, en la Parashá Lej Lejá, acompañamos a Abraham cuando respondió al llamado de Dios para dejar su tierra natal y dirigirse a un lugar desconocido. Dios le prometió que sería el padre de una gran nación, y Abraham selló un pacto con Dios, marcado por la mitzvá de la circuncisión. Abraham y Sara enfrentaron dificultades con la promesa de tener hijos, y Hagar, la sirvienta de Sara, dio a luz a Ismael. La parashá terminó con Dios reafirmando Su promesa a Abraham y ordenándole que se circuncidara junto con toda su casa.
La parashá de esta semana, en palabras sencillas: Vaierá comienza con Abraham sentado a la entrada de su tienda, en el calor del día. Dios se le aparece. Abraham levanta la vista y ve a tres hombres cerca. Corre a recibirlos, se inclina y les ofrece agua, descanso y comida. Va rápidamente con Sara y le pide que prepare panecillos, y elige un ternero tierno para que un sirviente lo cocine. Los invitados comen y luego preguntan por Sara. Dicen que en un año, Sara tendrá un hijo. Sara, que escucha desde la tienda, se ríe para sí misma porque tanto ella como Abraham son ancianos. Dios le pregunta a Abraham por qué se rió Sara y le dice que nada es imposible para Dios. Sara lo niega, pero Dios insiste en que sí se rió.
Los hombres se levantan para irse y miran hacia Sodoma. Dios decide contarle a Abraham que va a destruir Sodoma y Gomorra porque su maldad es muy grande. Abraham se pone delante de Dios y le suplica por las ciudades, preguntando si las perdonaría si hubiera cincuenta justos. Dios acepta. Abraham sigue bajando el número, hasta llegar a diez. Dios le dice que no destruirá las ciudades si hay diez justos.
Dos de los hombres, que en realidad son ángeles, llegan a Sodoma. Lot, el sobrino de Abraham, los invita a su casa y les prepara una comida. Los hombres de Sodoma rodean la casa y exigen que Lot les entregue a sus huéspedes. Lot se niega y ofrece a sus hijas, pero la multitud intenta entrar por la fuerza. Los ángeles hacen entrar a Lot y dejan ciegos a los hombres que estaban afuera. Los ángeles le dicen a Lot que reúna a su familia y salga de la ciudad, porque será destruida. Los yernos de Lot piensan que está bromeando y no lo acompañan. Al amanecer, los ángeles apuran a Lot, su esposa y sus dos hijas para que huyan. Les advierten que no miren atrás. Mientras escapan, Dios hace llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. La esposa de Lot mira atrás y se convierte en una estatua de sal. Lot y sus hijas se refugian en una cueva. Pensando que son los únicos sobrevivientes, las hijas embriagan a su padre y cada una tiene un hijo con él. El hijo de la mayor es Moab, y el de la menor es Ben-Amí.
Abraham se traslada a Guerar. El rey Abimélej toma a Sara, creyendo que es hermana de Abraham. Dios se le aparece a Abimélej en un sueño y lo advierte. Abimélej devuelve a Sara a Abraham, le da regalos y le permite quedarse en la tierra. Abraham reza, y Dios sana a Abimélej y a su familia, que no podían tener hijos por causa de Sara.
Dios recuerda a Sara, y ella da a luz a Isaac. Abraham circuncida a Isaac a los ocho días. Sara dice que Dios le ha dado motivo para reír. Isaac crece, y en una fiesta, Sara ve que Ismael se burla. Ella le pide a Abraham que envíe lejos a Hagar e Ismael. Dios le dice a Abraham que escuche a Sara. Hagar e Ismael vagan por el desierto, se quedan sin agua y Hagar llora. Dios escucha la voz de Ismael, le muestra un pozo a Hagar y le promete que hará de Ismael una gran nación. Ismael crece en el desierto y se convierte en arquero.
Abimélej y su general Ficol se acercan a Abraham para hacer un pacto de paz. Abraham se queja de que los siervos de Abimélej le quitaron un pozo. Hacen un pacto en Be’er Sheva, y Abraham planta allí un árbol de tamarisco y proclama el nombre de Dios.
Después de estos acontecimientos, Dios pone a prueba a Abraham pidiéndole que lleve a Isaac a la tierra de Moriá y lo ofrezca en sacrificio. Abraham se levanta temprano, toma a Isaac y a dos sirvientes y parte. Al tercer día, Abraham e Isaac suben solos a la montaña. Isaac pregunta dónde está el cordero, y Abraham responde que Dios proveerá. Abraham construye un altar, ata a Isaac y está a punto de sacrificarlo cuando un ángel lo llama y le dice que no le haga daño al muchacho. Abraham ve un carnero atrapado en un arbusto y lo ofrece en lugar de su hijo. El ángel le dice a Abraham que, por no haber negado a su hijo, Dios lo bendecirá a él y a sus descendientes. La parashá termina con la noticia de que Najor, el hermano de Abraham, ha tenido hijos, entre ellos Betuel, el padre de Rebeca.
Una enseñanza de la parashá: Una de las lecciones más profundas de Vaierá es la forma en que Abraham intercede por la gente de Sodoma. Aunque sus acciones se describen como muy malvadas, Abraham discute con Dios y le pide que salve las ciudades por el bien de los justos. Esto nos enseña sobre la importancia de la compasión y el valor de cada persona. La disposición de Abraham para defender a otros, incluso a quienes no conoce y que tal vez no lo merecen, muestra un profundo sentido de justicia y misericordia. Nos recuerda que debemos preocuparnos por el destino de los demás y no juzgar ni rendirnos fácilmente con las personas, buscando siempre el bien y esperando su redención.
Creado por el Rabino Ari (IA)
