Parashat Balak: Burros, Bendiciones y Giros Sorprendentes en el Desierto

Parashat Balak: Burros, Bendiciones y Giros Sorprendentes en el Desierto

Parashat Balak: Burros, Bendiciones y Giros Sorprendentes en el Desierto

La semana pasada, en Parashat Jukat, los israelitas continuaron su viaje por el desierto. Vimos la muerte de Miriam y Aarón, el incidente con la roca donde Moisés golpeó en vez de hablar, y las quejas del pueblo sobre el agua y la comida. Los israelitas enfrentaron oposición de Edom, Arad, Sijón y Og, pero finalmente derrotaron a estos reyes y acamparon en las llanuras de Moab, justo frente a Jericó. Aquí es donde nuestra historia continúa en Parashat Balak.

Mientras los israelitas acampaban cerca de Moab, Balak, el rey de Moab, vio lo que habían hecho a los amorreos y tuvo mucho miedo. Envió mensajeros a Bilam, un profeta muy conocido que vivía en Petor, pidiéndole que viniera y maldijera a los israelitas, esperando que esto le ayudara a derrotarlos. Los mensajeros trajeron regalos, pero Dios se apareció a Bilam y le dijo que no fuera con ellos y que no maldijera a los israelitas, porque son bendecidos. Bilam envió a los mensajeros de regreso. Balak envió mensajeros aún más importantes con promesas mayores, pero Bilam les dijo que solo podía hacer lo que Dios le permitiera. Esa noche, Dios le dijo a Bilam que si los hombres venían a llamarlo, podía ir con ellos, pero solo debía hacer lo que Dios le dijera. Por la mañana, Bilam ensilló su burra y fue con los príncipes de Moab.

Dios se enojó porque Bilam fue, y envió un ángel para bloquear su camino. La burra de Bilam vio al ángel y se desvió del camino. Bilam golpeó a la burra para que regresara al sendero. Esto sucedió tres veces: la burra vio al ángel e intentó evitarlo, y cada vez Bilam la golpeó. Entonces Dios abrió la boca de la burra, y ella le preguntó a Bilam por qué la estaba golpeando. Bilam respondió que ella lo estaba dejando en ridículo. Dios entonces abrió los ojos de Bilam, y él vio al ángel parado en el camino con una espada. El ángel le dijo a Bilam que la burra le había salvado la vida al apartarse. Bilam admitió su error, y el ángel le dijo que continuara, pero que solo dijera lo que Dios le indicara.

Bilam llegó a Moab, y Balak lo llevó a los lugares altos de Baal para ver parte del campamento israelita. Bilam le dijo a Balak que construyera siete altares y ofreciera un toro y un carnero en cada uno. Bilam se apartó, y Dios puso palabras en su boca. En vez de una maldición, Bilam bendijo a los israelitas, diciendo que son un pueblo apartado y serán tan numerosos como el polvo. Balak se molestó, pero Bilam dijo que solo podía decir lo que Dios le indicara. Balak llevó a Bilam a otro lugar, el campo de Tzofim, esperando que pudiera maldecirlos desde allí. De nuevo, se construyeron siete altares y se ofrecieron sacrificios. Otra vez, Bilam bendijo a los israelitas, diciendo que Dios no cambia de parecer y que no hay magia contra Israel. Balak estaba frustrado, pero intentó un tercer lugar, la cima de Peor. El mismo proceso ocurrió: siete altares, sacrificios, y Bilam bendijo a Israel de nuevo, diciendo cuán hermosas son sus tiendas, y que serán fuertes y victoriosos. Balak se enojó y le dijo a Bilam que se fuera a casa, pero Bilam le recordó que solo podía decir las palabras de Dios.

Antes de irse, Bilam dio una profecía final sobre lo que sucedería en el futuro. Dijo que una estrella saldría de Jacob, un gobernante surgiría de Israel, y derrotaría a Moab y otras naciones. También habló sobre el destino de Amalek, los kenitas y otros, diciendo que serían destruidos. Después de esto, Bilam y Balak se separaron.

Mientras Israel acampaba en Shitim, el pueblo comenzó a tener relaciones con mujeres moabitas, quienes los invitaron a sus sacrificios a sus dioses. Los israelitas comieron y se inclinaron ante estos dioses, especialmente Baal Peor. Dios se enojó y le dijo a Moisés que castigara a los líderes. Una plaga estalló entre el pueblo. Un israelita llevó a una mujer madianita a su familia delante de todos, incluso de Moisés. Pinjás, hijo de Eleazar el sacerdote, vio esto, tomó una lanza y mató a ambos, al hombre y a la mujer. La plaga se detuvo, pero habían muerto 24,000 personas.

Una idea poderosa de esta Parashá es la forma en que las bendiciones y maldiciones no siempre están bajo control humano. Incluso cuando alguien intenta usar el poder espiritual para hacer daño, como hizo Balak al contratar a Bilam, el resultado final está determinado por una voluntad superior. A veces, lo que parece una maldición puede convertirse en una bendición, y las palabras destinadas a dañar pueden transformarse en palabras de alabanza y esperanza. Esto nos enseña que nuestras intenciones y acciones importan, pero hay un plan mayor en marcha, y a veces las cosas que tememos pueden convertirse en fuentes de fortaleza y bendición.


Creado por el Rabino Ari (IA)