Parashat Bo: El Éxodo Dramático y el Nacimiento de un Pueblo

Parashat Bo: El Éxodo Dramático y el Nacimiento de un Pueblo

Parashat Bo: El Éxodo Dramático y el Nacimiento de un Pueblo

La semana pasada, en Parashat Va'era, presenciamos el inicio del enfrentamiento entre Moshé, Aarón y el faraón. Dios envió a Moshé para exigir la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto. El faraón se negó, y como consecuencia, Dios envió siete plagas devastadoras sobre Egipto: sangre, ranas, piojos, animales salvajes, peste, úlceras y granizo. A pesar del sufrimiento, el corazón del faraón siguió endurecido y no permitió la salida de los israelitas. Esto prepara el escenario para Parashat Bo, donde se desarrollan las últimas y más severas plagas, y los israelitas se preparan para su tan esperada libertad.

En Parashat Bo, Dios le dice a Moshé que vaya nuevamente ante el faraón y lo advierta sobre las plagas que vendrán. La octava plaga son las langostas. Moshé y Aarón advierten al faraón que, si no deja ir al pueblo, las langostas invadirán la tierra y devorarán todo lo que quedó tras el granizo. Los sirvientes del faraón le ruegan que deje salir a los israelitas, pero el faraón solo ofrece dejar ir a los hombres. Moshé insiste en que todos deben salir. El faraón se niega, y Dios envía un viento que trae langostas sobre Egipto. Las langostas cubren la tierra y consumen toda planta y fruto que quedó después del granizo. El faraón llama rápidamente a Moshé y Aarón, reconoce su error y les pide que recen para que la plaga termine. Moshé ora, y Dios envía un viento que aleja las langostas. Pero una vez más, el corazón del faraón se endurece y no deja ir a los israelitas.

Luego, Dios le dice a Moshé que extienda su mano hacia el cielo, y la novena plaga, la oscuridad, cae sobre Egipto. Durante tres días, los egipcios no pueden verse ni moverse de sus lugares, pero los israelitas tienen luz en sus hogares. El faraón llama a Moshé y le dice que el pueblo puede irse, pero que el ganado debe quedarse. Moshé se niega, diciendo que necesitan los animales para servir a Dios. El faraón se enfurece y le advierte a Moshé que no vuelva a presentarse ante él, o morirá. Moshé acepta y le dice que no volverá a ver su rostro.

Dios le anuncia a Moshé que vendrá una última plaga, después de la cual el faraón expulsará completamente a los israelitas. Dios instruye a los israelitas a pedir a sus vecinos egipcios objetos de plata y oro. Moshé le comunica al faraón que, a medianoche, Dios pasará por Egipto y morirá todo primogénito, desde el hijo del faraón hasta el primogénito del esclavo y hasta los animales. Habrá un gran clamor en Egipto, pero los israelitas no sufrirán daño. Moshé se retira de la presencia del faraón, indignado.

Dios da a Moshé y Aarón los primeros preceptos para el pueblo de Israel. El mes del Éxodo será el primero del año. El día diez de ese mes, cada familia debe tomar un cordero, guardarlo hasta el día catorce y sacrificarlo al atardecer. Deben poner parte de la sangre en los marcos de las puertas y comer el cordero asado, acompañado de matzá y hierbas amargas. No deben dejar nada para la mañana siguiente. Deben comerlo deprisa, vestidos y listos para partir. Esa noche, Dios pasará por Egipto y herirá a los primogénitos, pero pasará de largo las casas con sangre en las puertas. Este acontecimiento debe recordarse cada año como una festividad para Dios, llamada Pesaj (Pésaj o Pascua), durante siete días. En ese tiempo, no se puede comer ni tener pan leudado en las casas. Los israelitas deben enseñar a sus hijos sobre este evento.

Moshé transmite estas instrucciones a los ancianos de Israel. El pueblo cumple lo ordenado. A medianoche, Dios hiere a todos los primogénitos de Egipto. El faraón, sus sirvientes y todo Egipto se levantan en la noche con un gran lamento. El faraón llama a Moshé y Aarón y les ordena que se vayan con todos los israelitas y sus animales. Los egipcios apremian a los israelitas para que salgan rápidamente. Los israelitas toman su masa antes de que fermente, y los egipcios les entregan plata, oro y ropa, tal como se les había pedido.

Los israelitas salen de Egipto, unos seiscientos mil hombres a pie, además de mujeres y niños, junto con una multitud mixta y su ganado. Hacen matzá con la masa que llevaron, ya que no hubo tiempo para que fermentara. La Torá señala que los israelitas vivieron en Egipto durante 430 años, y que ese mismo día, Dios los sacó de allí.

Dios da más leyes sobre la ofrenda de Pesaj: ningún extranjero puede comerla, pero un esclavo circuncidado sí. Debe comerse en una sola casa y no se puede quebrar ningún hueso. Todo Israel debe cumplir esta ley. Cuando los israelitas lleguen a la tierra prometida, deberán consagrar a Dios todo primogénito varón, tanto humano como animal. Los animales primogénitos se ofrecerán en sacrificio y los hijos primogénitos serán redimidos. Los israelitas deben explicar estas leyes a sus hijos, como recuerdo de cómo Dios los sacó de Egipto con mano poderosa.

Una idea central de esta Parashá es la importancia de la memoria y la educación en la formación de un pueblo. La Torá ordena repetidamente a los israelitas recordar el Éxodo y transmitirlo a sus hijos. Los rituales de Pesaj no solo conmemoran el pasado, sino que buscan hacer viva la historia en cada generación. Al revivir la experiencia, hacer preguntas y contar el relato, cada persona se convierte en parte del viaje de la esclavitud a la libertad. Así, el Éxodo deja de ser solo un hecho histórico y se transforma en un fundamento vivo de identidad y fe, asegurando que sus enseñanzas perduren a lo largo del tiempo.


Creado por el Rabino Ari (IA)