Introducción: La Parashá de la semana pasada, Shelaj, terminó con la trágica historia de los espías que desanimaron a los israelitas de entrar en la Tierra de Israel, lo que llevó a una crisis nacional de fe. El pueblo fue condenado a vagar por el desierto durante cuarenta años, y una nueva generación sería la que entraría a la tierra. La Parashá también concluyó con el mandamiento de los tzitzit, un recordatorio de seguir los mandamientos de Dios. Este trasfondo de decepción e inquietud prepara el escenario para los dramáticos eventos de esta semana.
La historia de Parashat Koraj en palabras sencillas: Koraj, un levita y primo de Moshé, reúne a un grupo de 250 israelitas prominentes, incluyendo a Datán, Aviram y On ben Pelet de la tribu de Rubén. Ellos desafían a Moshé y Aarón, diciendo: "¡Ustedes se toman demasiado poder para sí mismos! Toda la comunidad es santa—¿por qué se ponen por encima de todos los demás?" Moshé cae sobre su rostro angustiado y le dice a Koraj y sus seguidores que traigan incensarios con incienso ante Dios a la mañana siguiente. Dios mostrará quién es realmente elegido.
Moshé intenta razonar con Koraj y los levitas, recordándoles que haber sido elegidos para servir en el Mishkán (Tabernáculo) ya es un gran honor. Pero ellos insisten. Datán y Aviram se niegan a acudir cuando Moshé los llama, acusándolo de no haber llevado al pueblo a una tierra de leche y miel y de actuar como un gobernante sobre ellos.
Al día siguiente, Koraj y sus seguidores se presentan con sus incensarios en la entrada del Mishkán. La gloria de Dios aparece, y Dios le dice a Moshé y Aarón que se aparten de la comunidad para poder destruir a todos. Moshé y Aarón suplican misericordia, pidiendo a Dios que no castigue a todos por el pecado de unos pocos.
Dios instruye al pueblo a alejarse de las tiendas de Koraj, Datán y Aviram. Moshé advierte que si estos hombres mueren de muerte natural, entonces Dios no lo envió. Pero si ocurre algo completamente nuevo—si la tierra se abre y los traga—entonces quedará claro que han provocado a Dios. Tan pronto como Moshé termina de hablar, el suelo se abre y traga a Koraj, Datán, Aviram, sus familias y todas sus posesiones. Luego, un fuego de Dios consume a los 250 hombres que ofrecían incienso.
Dios ordena a Elazar, hijo de Aarón, que recoja los incensarios de bronce de los restos de los rebeldes. Los incensarios son martillados para cubrir el altar, como señal para los israelitas de que solo los descendientes de Aarón pueden ofrecer incienso ante Dios.
Al día siguiente, los israelitas se quejan de que Moshé y Aarón han matado al pueblo de Dios. Se desata una plaga entre ellos. Moshé le dice a Aarón que tome rápidamente incienso y haga expiación. Aarón se coloca entre los vivos y los muertos, y la plaga se detiene, pero mueren 14,700 personas.
Para terminar la disputa sobre el liderazgo, Dios le dice a Moshé que recoja una vara de cada líder de las tribus, incluyendo la vara de Aarón por la tribu de Leví. Las varas se colocan en el Mishkán durante la noche. Por la mañana, la vara de Aarón ha florecido, brotado y producido almendras. Dios le dice a Moshé que coloque la vara de Aarón frente al Arca como señal para terminar las quejas contra el sacerdocio de Aarón.
Dios da luego más instrucciones a Aarón y a los sacerdotes. Los sacerdotes son responsables del Mishkán y de custodiarlo. Solo ellos y los levitas pueden acercarse a las áreas sagradas. Los sacerdotes reciben ciertos dones de los israelitas, incluyendo porciones de sacrificios, las primicias y otras ofrendas. Los levitas reciben los diezmos de los israelitas, y los levitas deben dar una décima parte de sus diezmos a los sacerdotes. Estas leyes aclaran los roles y privilegios de sacerdotes y levitas, y la importancia de respetar la santidad de su servicio.
Idea de la Parashá: Una idea poderosa de esta Parashá es el peligro de los celos y la importancia de reconocer el papel único de cada uno. Koraj y sus seguidores no estaban contentos con sus posiciones honorables; querían más, lo que llevó al desastre. El florecimiento de la vara de Aarón es un símbolo de que el verdadero liderazgo no se toma por la fuerza o la discusión, sino que es elegido y bendecido por Dios. Cuando nos enfocamos en nuestra propia misión y respetamos los roles de los demás, traemos armonía y bendición a la comunidad. La Parashá enseña que la paz y el orden provienen de aceptar nuestro lugar y servir con humildad, en vez de buscar honores que no nos corresponden.
Creado por el Rabino Ari (IA)
