Parashat Shoftim: Justicia, Liderazgo y la Búsqueda de la Paz

Parashat Shoftim: Justicia, Liderazgo y la Búsqueda de la Paz

Parashat Shoftim: Justicia, Liderazgo y la Búsqueda de la Paz

Introducción: La parashá de la semana pasada, Re'eh, trató sobre la importancia de cumplir los mandamientos de Dios, la centralidad del lugar que Él elegirá para Su culto y la necesidad de evitar la idolatría. También abordó las leyes sobre los alimentos permitidos, los diezmos y las festividades. Estos temas de obediencia, centralidad y santidad preparan el terreno para la parashá de esta semana, Shoftim, que se enfoca en la organización de la sociedad y los sistemas que garantizarán la justicia y el orden en la Tierra de Israel.

La Parashá en Palabras Sencillas: Dios ordena al pueblo nombrar jueces y oficiales en cada ciudad para asegurar la justicia. Los jueces deben ser imparciales, no favorecer a nadie ni aceptar sobornos, porque la justicia le pertenece a Dios. El pueblo debe buscar la justicia en todo momento para poder vivir y heredar la tierra. Está prohibido plantar un árbol de Asherá o colocar una piedra sagrada junto al altar de Dios, ya que son formas de idolatría. No se permite ofrecer animales con defectos. Si alguien es sorprendido adorando a otros dioses, tras una investigación cuidadosa y el testimonio de al menos dos o tres testigos, esa persona debe ser ejecutada por lapidación. Los testigos deben ser los primeros en arrojar las piedras.

Si un caso legal es demasiado complicado para los jueces locales, el pueblo debe acudir al lugar que Dios elija y consultar a los sacerdotes y al juez allí presente. Lo que ellos decidan debe cumplirse exactamente, sin desviarse. Quien actúe con arrogancia y no obedezca al juez o al sacerdote debe ser ejecutado, para eliminar el mal de Israel.

Cuando el pueblo pida un rey, Dios permite que nombren uno, pero debe ser alguien elegido por Dios y que sea israelita. El rey no debe tener muchos caballos, ni enviar al pueblo a Egipto para conseguirlos, ni tener muchas esposas, ni acumular grandes riquezas. El rey debe escribir una copia de la Torá para sí mismo, leerla toda su vida y cumplir todas sus palabras, para no volverse orgulloso ni apartarse de los mandamientos.

Los sacerdotes y levitas no reciben una porción de la tierra; en cambio, viven de las ofrendas que el pueblo lleva a Dios. El pueblo debe darles las primicias de sus cosechas, grano, vino, aceite y la primera lana de sus ovejas. Si un levita se traslada al lugar que Dios elija, puede servir allí como los demás levitas y compartir por igual las ofrendas.

El pueblo recibe la advertencia de no imitar a las naciones practicando hechicería, adivinación, brujería o consultando espíritus y fantasmas. Quien haga estas cosas es abominable para Dios. En su lugar, Dios levantará un profeta de entre el pueblo, como Moisés, y deberán escucharlo. Si un profeta habla en nombre de Dios pero dice algo que Él no le ordenó, o habla en nombre de otros dioses, ese profeta debe morir. Si las palabras del profeta no se cumplen, es señal de que Dios no lo envió.

Se deben designar tres ciudades de refugio en la tierra, para que quien mate accidentalmente a otra persona pueda huir allí y estar a salvo. La tierra debe dividirse en tres partes y los caminos a estas ciudades deben estar preparados. Si el territorio crece, se añadirán tres ciudades más. Si alguien mata a propósito, no puede usar una ciudad de refugio para escapar del castigo. Los ancianos deben buscarlo y entregarlo para que sea ejecutado. Se prohíbe mover los límites de la propiedad de un vecino.

En los tribunales, un solo testigo no basta para condenar a alguien; se requieren al menos dos o tres testigos. Si un testigo da falso testimonio, los jueces deben investigar cuidadosamente. Si se descubre que mintió, recibirá el castigo que quería para la otra persona. Esto es para eliminar el mal entre el pueblo y para que los demás teman hacer lo mismo.

Cuando el pueblo vaya a la guerra, los sacerdotes deben animar a los soldados a no temer, porque Dios está con ellos. Los oficiales deben enviar de regreso a casa a quien haya construido una casa nueva y no la haya estrenado, plantado una viña y no haya probado su fruto, se haya comprometido y no se haya casado, o simplemente tenga miedo. Antes de atacar una ciudad, se debe ofrecer la paz. Si la ciudad acepta, su gente trabajará para Israel. Si rechaza, los hombres serán ejecutados y las mujeres, los niños y los animales serán tomados como botín. Las ciudades de los pueblos que habitan la tierra deben ser destruidas por completo, para que los israelitas no aprendan sus costumbres. No se deben talar los árboles frutales durante un asedio; solo se pueden usar los que no dan fruto para construir rampas de asedio.

Si se encuentra a alguien asesinado en el campo y no se sabe quién fue el culpable, los ancianos de la ciudad más cercana deben medir la distancia hasta el cuerpo, tomar una becerra que nunca haya trabajado y romperle el cuello en un valle. Los sacerdotes y ancianos deben lavarse las manos sobre la becerra y declarar que no derramaron esa sangre ni vieron lo sucedido. Piden a Dios que perdone al pueblo y quite la culpa de sangre inocente de Israel.

Una Enseñanza de la Parashá: Uno de los mensajes más poderosos de esta parashá es el mandato: “Justicia, justicia perseguirás”. No es solo un llamado a tener tribunales justos, sino una exigencia de que cada persona busque la justicia activamente en todos los aspectos de la vida. La repetición de la palabra “justicia” enseña que tanto el proceso como el resultado deben ser justos. No basta con tener buenas intenciones o llegar a un resultado correcto; el camino también debe ser honesto y recto. Esta idea nos recuerda que la búsqueda de la justicia es una misión de toda la vida, y que cada paso en ese camino es importante. Es una invitación a construir una sociedad donde la equidad, la integridad y el respeto por los demás sean el centro de todo lo que hacemos.
Creado por el Rabino Ari (IA)