Parashat Va'era: El desarrollo de las plagas y la promesa de redención

Parashat Va'era: El desarrollo de las plagas y la promesa de redención

Parashat Va'era: El desarrollo de las plagas y la promesa de redención

En la parashá anterior, Shemot: La historia comenzó con los israelitas sufriendo bajo una esclavitud opresiva en Egipto. El faraón, temeroso de su creciente número, les impuso trabajos forzados y ordenó la muerte de los niños varones. Moisés nació, fue salvado de manera milagrosa y creció en el palacio del faraón, pero huyó de Egipto tras matar a un capataz egipcio. En Madián, Dios se le apareció a Moisés en la zarza ardiente y le ordenó regresar a Egipto para liberar a los israelitas. Moisés, inseguro y reticente, fue acompañado por su hermano Aarón. Juntos enfrentaron al faraón, quien se negó a liberar al pueblo y hasta les agravó la carga. Los israelitas, desanimados, culparon a Moisés, quien buscó respuestas en Dios.

Esta semana, en Parashat Va'era: Dios habla con Moisés y le recuerda que se apareció a Abraham, Isaac y Jacob como El Shaddai, pero ahora revela Su nombre YHVH, prometiendo cumplir Su pacto y sacar a los israelitas de Egipto. Dios le pide a Moisés que tranquilice al pueblo, asegurándoles que los liberará, los redimirá con grandes juicios y los llevará a la tierra prometida a sus antepasados. Moisés transmite el mensaje, pero los israelitas, abrumados por el sufrimiento, no logran escucharlo.

Dios ordena a Moisés que vuelva ante el faraón, pero Moisés objeta que no es buen orador. Dios insiste y le dice que Aarón hablará por él. La Torá enumera entonces a los jefes de las tribus de Rubén, Simeón y Leví, detallando la genealogía hasta Moisés y Aarón, estableciendo su linaje.

Dios le dice a Moisés que endurecerá el corazón del faraón para poder mostrar muchos signos y maravillas en Egipto. Moisés y Aarón deben exigir la liberación del pueblo, y Dios los sacará con grandes actos de juicio. Moisés tiene ochenta años y Aarón ochenta y tres cuando se presentan ante el faraón.

Cuando el faraón pide una señal, Aarón arroja su bastón y este se convierte en serpiente. Los magos del faraón hacen lo mismo con sus artes, pero el bastón de Aarón devora los suyos. Aun así, el faraón no cede.

Dios instruye a Moisés para que se encuentre con el faraón junto al Nilo por la mañana. Aarón golpea el agua con su bastón y el río se convierte en sangre. Los peces mueren, el río apesta y los egipcios no pueden beber de él. Los magos logran imitar la señal y el faraón sigue indiferente. Pasan siete días.

Dios envía a Moisés a advertir al faraón nuevamente. Aarón extiende su bastón sobre las aguas y ranas invaden Egipto, entrando en las casas, las camas y los hornos. El faraón ruega a Moisés que rece para que las ranas desaparezcan, prometiendo dejar ir al pueblo. Moisés ora, las ranas mueren, pero el faraón vuelve a endurecer su corazón.

Dios le dice a Moisés que Aarón golpee el polvo, y piojos infestan a personas y animales. Los magos no pueden replicar esto y reconocen que es el “dedo de Dios”, pero el faraón sigue sin ceder.

Dios envía a Moisés a advertir al faraón sobre enjambres de animales salvajes (o insectos) que llenarán las casas egipcias, pero no afectarán la tierra de Goshen donde viven los israelitas. Los enjambres llegan y devastan Egipto. El faraón ofrece permitir sacrificios dentro de Egipto, pero Moisés insiste en que deben ir al desierto. El faraón accede, pero cuando los enjambres se retiran, cambia de opinión.

Dios envía una plaga que mata al ganado egipcio, pero no afecta a los animales de los israelitas. El faraón comprueba que es así, pero sigue obstinado.

Dios le dice a Moisés y Aarón que tomen puñados de hollín y lo lancen al aire ante el faraón. Se convierte en llagas y úlceras sobre personas y animales. Los magos no pueden presentarse ante Moisés por las llagas, pero el faraón no cede.

Dios advierte al faraón sobre una tormenta de granizo sin precedentes. Moisés aconseja a los egipcios que resguarden a sus animales y sirvientes. Quienes obedecen se salvan, pero los demás mueren por el granizo. El granizo destruye personas, animales y cultivos, pero no afecta a Goshen. El faraón reconoce su culpa y pide a Moisés que rece para que cese el granizo. Moisés lo hace, pero el faraón vuelve a endurecer su corazón.


Creado por el Rabino Ari (IA)